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Un defensor de DDHH se define por lo que hace y no por quién es

“Toda persona tiene derecho, individual o colectivamente, a promover y procurar la protección y realización de los derechos humanos y las libertades fundamentales en los planos nacional e internacional”, refiere el artículo 1 de la Declaración de la ONU sobre Defensores y Defensoras.

Ese principio ratifica el hecho de que los defensores y defensoras de derechos humanos provienen de cualquier disciplina: pueden ser abogados, periodistas, médicos, educadores, sindicalistas, campesinos, víctimas o familiares de víctimas de abusos y violaciones de los derechos humanos. Independientemente de su edad, su nacionalidad o su religión.

Algunas personas se convierten en defensores y asumen el compromiso como parte de su función profesional, mientras que una gran mayoría lo hace de forma voluntaria o sin remuneración.

En realidad, no existe ninguna definición estricta de los defensores y defensoras de los derechos humanos ya que puede referirse a cualquier persona que actúa en cualquier momento para la promoción y la protección de los derechos de otros.

Por esta razón, una persona defensora se define, ante todo, por lo que hace, por sus acciones y no por quien es. No importa su identidad.

Esto significa que toda persona que se compromete y actúa para la promoción y la protección puede ser considerada como defensor o defensora.

Esto significa, igualmente, que se puede considerar defensora de los derechos humanos una persona que actúa toda su vida para promover y proteger los derechos humanos o si solo lo hace de forma ocasional o puntual, e, incluso, a veces, una sola vez en su vida.

En efecto, no hay ningún “requisito” especial para asumir el rol de defensores de derechos humanos, y en la Declaración sobre los defensores se indica que todas las personas, potencialmente, pueden serlo, si se lo proponen y lo llevan a cabo. Se advierte, eso sí, en la misma declaración, que los defensores tienen tanto responsabilidades como derechos.

Los defensores de los derechos humanos deben reconocer el carácter universal de los derechos humanos, conforme se proclama en la Declaración Universal de Derechos Humanos. No pueden negarse a unas personas algunos derechos humanos y reconocerlos en otros. El reconocimiento debe ser a todos, por igual.

Por otra parte, debe definirse y aceptarse a los defensores de los derechos humanos por los derechos que defienden y por su propio derecho a hacerlo. Las acciones que se realicen deben ser pacíficas, con arreglo a lo establecido en la Declaración sobre los defensores de los derechos humanos.

Por último, las personas defensoras de los derechos humanos deben aceptar el hecho de que cada derecho humano es indivisible de los otros y que el conjunto de estos derechos forma un conjunto universal, interdependiente y se aplica a todas las personas sin importar el lugar o el momento.

Sería ideal, en todo caso, que en todos los sectores de la población exista un defensor o defensora de derechos humanos, y sobre todo que, entre los jóvenes, se unan también y se empoderen. El empoderamiento es, según la antropóloga mexicana Marcela Lagarde, “un proceso a través del cual cada persona se faculta, se habilita y desarrolla la conciencia de tener derecho a tener derechos y a confiar en la propia capacidad para conseguir sus propósitos”.

Organizaciones como Front Line Defenders (una organización de defensa de los derechos humanos, fundada en Dublín en 2001, para proteger a los defensores de los derechos humanos), Amnistía Internacional o ProtectDefenders consideran que es vital tener más líderes de distintas causas sociales para que a través de sus ideas, opiniones y acciones puedan contribuir a que el mundo sea un lugar más justo y de esta manera continuar con la defensa de los derechos humanos.

En 2017, por ejemplo, Amnistía Internacional lanzó la campaña “Valiente” para invitar a la gente a que se convierta en defensora de derechos humanos sin miedo y con la convicción de que la justicia es posible sin discriminación alguna. “No importa si sales a la calle a manifestar o clamas por los derechos a través de las redes sociales, te conviertes en defensor o defensora cuando demandas justicia por cualquier medio”, dijo Guadalupe Marengo, directora del Programa Global sobre Defensores y Defensoras de los Derechos Humanos de Amnistía Internacional.

Ese trabajo, sin embargo, tiene enormes riesgos sobre todo ahora, donde los niveles de violencia e injusticia en el mundo están tan elevados. “Si sabes que al defender los derechos humanos de otros o los propios te pueden atacar, te pueden asesinar, te pueden detener arbitrariamente, te pueden acusar de terrorista, espía y hasta traidor a la patria, se necesita un cúmulo de valentía para seguir adelante”, recalcó la directora del programa global para defensores y defensoras de derechos humanos de Amnistía Internacional.

De hecho, la gravedad y la escala de las represalias fueron una de las razones principales por las que se aprobó la Declaración sobre los defensores de los derechos humanos y se definió el mandato del Relator Especial de las Naciones Unidas sobre su situación. Hay preocupación por la situación de los defensores de los derechos humanos en todos los países, incluidas las democracias emergentes y los países que poseen instituciones, prácticas y tradiciones democráticas muy antiguas.

Sin embargo, se ha hecho especial hincapié en los países donde existe un conflicto armado interno; graves desórdenes públicos, y la protección y las garantías legales e institucionales no están plenamente garantizadas o no existen en absoluto.

En todos esos escenarios muchos defensores han sufrido violaciones de sus derechos humanos. Han sido objeto de ejecuciones, tortura, palizas, detención y prisión arbitrarias, amenazas de muerte, hostigamiento y calumnia.

También se les han limitado sus libertades de circulación, expresión, asociación y reunión. Los defensores han sido víctimas de falsas acusaciones y de procesos y condenas injustas. Por lo general, las violaciones se cometen contra los propios defensores o las organizaciones y mecanismos por medio de los cuales desarrollan su actividad.

Es importante saber que, en la mayoría de los casos, los actos cometidos contra los defensores de los derechos humanos vulneran el derecho tanto internacional como nacional. Adicionalmente, la falta de una respuesta policial o judicial efectiva crea un clima de impunidad que sirve de estímulo a estas violaciones.

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