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Solidaridad y Derechos Humanos

“En definitiva, ¿dónde empiezan los derechos humanos universales? En pequeños lugares, cerca de casa; en lugares tan próximos y tan pequeños que no aparecen en ningún mapa. […] Si esos derechos no significan nada en estos lugares, tampoco significan nada en ninguna otra parte. Sin una acción ciudadana coordinada para defenderlos en nuestro entorno, nuestra voluntad de progreso en el resto del mundo será en vano”. Eleanor Roosevelt

El pasado domingo 10 de diciembre el mundo recordó la trascendencia del documento histórico  que en 1948 proclamó los derechos inalienables inherentes a todos los seres humanos, sin importar su raza, color, religión, sexo, idioma, opiniones políticas o de otra índole, origen nacional o social, propiedades, lugar de nacimiento ni ninguna otra condición.

Gracias a la Declaración Universal de los Derechos Humanos la dignidad de millones de personas se ha visto fortalecida, y se han sentado las bases de un mundo más justo. Aunque aún se cometan atrocidades y quede mucho por hacer,  el hecho de que el documento haya perdurado en el tiempo es prueba inequívoca de la universalidad imperecedera de sus valores eternos sobre la equidad, la justicia y la dignidad humana.

Ahora el mundo se prepara para celebrar el Día Mundial de la Solidaridad, considerado no solo como un valor sino como un derecho. Además, es un principio rector sustentado en el artículo 4 de la Constitución Nacional (la República Bolivariana de Venezuela es un Estado Federal descentralizado en los términos consagrados en esta Constitución, y se rige por los principios de integridad territorial, cooperación, solidaridad, concurrencia y corresponsabilidad). Esta triple dimensión de la solidaridad hace que sea una institución básica dentro del ordenamiento jurídico y de una trascendencia relevante en la protección de la persona humana.

El concepto de derechos humanos se ha ido ampliando progresivamente hasta adquirir nuevos significados. Por ejemplo, en la década de los 80 surgieron las primeras reivindicaciones del cuidado del medioambiente, una cuestión en la que hasta ese momento pocos habían reparado, a pesar de que estaba sugerida previamente en el artículo 25 de la Carta original, que habla sobre la salud.

Fue de ese modo como empezó a hablarse de derechos humanos de segunda generación, que son básicamente los de carácter económico, social y cultural, y más tarde de los derechos de tercera generación, vinculados a valores como la solidaridad.

La solidaridad ha sido desde siempre uno de los valores universales en el que deberían basarse todas las relaciones entre los pueblos en el siglo XXI. Fue ésta una de las principales razones que llevó a la Asamblea General de las Naciones Unidas, en diciembre de 2005, a proclamar el 20 de diciembre de cada año como el Día Internacional de la Solidaridad Humana.

La solidaridad es una cualidad que se basa en la igualdad, la inclusión y la justicia social, la misma supone compromiso entre los distintos miembros de la sociedad y de la comunidad mundial.

Con este propósito, así como con el objetivo de erradicar la pobreza y promover el desarrollo humano y social en los países menos industrializados, la Asamblea General decidió crear el Fondo Mundial de Solidaridad.

La solidaridad es uno de los valores humanos por excelencia, que se define como la colaboración mutua en la personas, como aquel sentimiento que mantiene a las personas unidas, sobre todo cuando se vivencian experiencias difíciles.

La solidaridad trasciende a todas las fronteras: políticas, religiosas, territoriales, culturales, y es más que nada un acto social, una acción que le permite al ser humano mantener y mantenerse en su naturaleza de ser social.

En efecto, la persona solidaria es aquella que manifiesta o expresa un interés y un espíritu de ayuda por los demás. Esta persona trasciende cualquier barrera y supera los límites de las buenas intenciones.

La solidaridad como principio, valor, norma y derecho, hace del hombre solidario un ser inspirado en el deseo de ser siempre útil a la sociedad. La solidaridad como valor es un fin al que todas las sociedades deben llegar; como derecho, se circunscribe en las obligaciones del Estado; y como principio, rige toda producción y aplicación de las normas existentes en un orden jurídico, reflexiona el abogado colombiano Carlos Agudelo.

La solidaridad no solamente tiene como propósito una causa noble; todo lo contrario, con ella no solo el Estado sino la persona, deben  hacer valer los principios de justicia y equidad que gobiernan toda sociedad civilizada. La condición del Estado, que tiene como máxima la protección de los hombres por vía de la solidaridad, también tiene como fin evitar que este principio, valor, norma y derecho sea utilizado por aquellos que se unen de modo solidario para ocasionar el mal. Con esta suerte, la solidaridad y dignidad son dos principios, valores, normas y derechos que se unen para hacer fuerte un orden social justo.

En ese sentido, las nuevas relaciones de interdependencia entre hombres y pueblos, que son, de hecho, formas de solidaridad, deben transformarse en relaciones que tiendan hacia una verdadera y propia solidaridad ético-social, que es la exigencia moral intrínseca en todas las relaciones humanas. La solidaridad se presenta, por tanto, bajo dos aspectos complementarios: como principio social  y como virtud moral.

La solidaridad debe captarse, ante todo, en su valor de principio social ordenador de las instituciones, mediante la creación o la oportuna modificación de leyes, reglas de mercado, ordenamientos.

La solidaridad es también una verdadera y propia virtud moral. Es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir, por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos.

En COFAVIC nos empeñamos cada día en fomentar el bien común, en extender la mano, en ser compasivos, en darle voz a quien no ha podido expresarse, en ser solidarios con las víctimas y sus familiares.

ENVÍENOS SU COMUNICACIÓN: Queremos animarles a que nos hagan llegar sus dudas, preguntas y sugerencias: Por teléfono 0212 5729631, fax 0212 5729908; correo electrónico a cofavic@gmail.com o carta: Esq. Candilito, Edif. El Candil, piso 1, Ofic. 1-A, La Candelaria, Apartado 16150 Caracas 1011-A.

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La no violencia exige más coraje que la violencia

Así como la fuerza de la gravedad sostiene en su lugar a todo en el universo físico, regula su movimiento y mantiene su naturaleza cinética, el poder de la no violencia actúa como una fuerza cohesiva en la vida humana, organiza y guía las relaciones humanas con la menor fricción posible. De esta manera, adquiere las dimensiones de una ley que es el equivalente moral de la ley de la gravedad en la naturaleza física. Continue reading

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La población civil no es un objetivo militar

La expresión asistencia humanitaria se ha utilizado para referirse a la ayuda que se ofrece a las víctimas de conflictos, o derivadas de los mismos (hambrunas, epidemias) y de crisis de carácter humanitario debido a catástrofes naturales.  Según la Corte Internacional de Justicia, la ayuda humanitaria permitida durante los conflictos armados se define “como el suministro de alimentos, ropa, medicamentos y otra asistencia humanitaria, y no incluye el abastecimiento de armas, sistemas de armas, municiones, u otros equipos, vehículos, o materiales que puedan usarse para provocar lesiones graves o la muerte”.

Con motivo de la celebración del Día Mundial, que se conmemoró el pasado 19 de agosto, las organizaciones humanitarias unieron sus voces para reiterar una vez más que la población civil atrapada en un conflicto no debe ser objetivo de los ataques. A través de una campaña mundial se insistió en la importancia de defender a los más vulnerables en las zonas en guerra, y se elevó petición para que los líderes mundiales hagan todo lo posible para proteger a los civiles.

En esta oportunidad desde COFAVIC queremos rendirles tributo a las y los trabajadores que arriesgan sus vidas llevando ayuda humanitaria a otros y al importante apoyo que brindan a las personas afectadas por las crisis en todo el mundo.

La población civil no es un objetivo militar, es el principio fundamental de la ayuda humanitaria. Atrapados en guerras que no han causado, millones de civiles se ven obligados a esconderse o huir para salvar sus vidas. Los niños dejan la escuela, las familias abandonan sus hogares y las comunidades ven afectados sus vínculos referentes de confianza e identidad,  mientras el mundo no hace lo suficiente para detener ese sufrimiento. Por su parte, las y los trabajadores sanitarios y humanitarios, que ponen sus vidas en peligro para atender a las víctimas de la violencia, se convierten cada vez más en objetivo de los ataques.

En un informe sobre la protección de civiles, el Secretario General de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, pidió que se respete el derecho internacional humanitario y el derecho internacional de los derechos humanos, así como la protección de los civiles, incluidos los trabajadores humanitarios y sanitarios, y las obras públicas.

En el mismo documento, Guterres señaló que los conflictos armados están desgarrando grandes extensiones del mundo y un número sin precedentes de personas necesitan asistencia humanitaria y protección.

Un 97% de la asistencia humanitaria se destina a situaciones de emergencia complejas, la mayoría de ellas en conflictos armados.  A nivel mundial, más de 65 millones de personas han sido desplazadas por un conflicto, la violencia o la persecución. Más de 20 millones de personas, entre ellas 1,4 millones de niños, están al borde de la hambruna en Nigeria, Somalia, Sudán del Sur y el Yemen. Al mismo tiempo, en la comunidad internacional existe un creciente sentimiento de fatiga, e incluso de resignación, al abordar el sufrimiento de los civiles en los conflictos.

Todas las partes estatales y no estatales en un conflicto deben respetar el Derecho Internacional Humanitario y todos los Estados deben asegurar ese respeto. Sin embargo, en muchos conflictos, las partes incumplen sus obligaciones y expresan desprecio por la vida y la dignidad humana, a menudo con impunidad.

Se da muerte a civiles en forma habitual en ataques directos e indiscriminados. A medida que el conflicto se vuelve cada vez más urbanizado, la repercusión sobre los civiles se hace aún más atroz. La violencia sexual destruye vidas y socava la cohesión de la comunidad. Estos horrores se ven exacerbados cuando los civiles se ven privados de artículos y servicios básicos de socorro, y a veces se encuentran incluso sitiados durante meses. Ante tal grado de brutalidad, millones de civiles se ven obligados a huir de sus hogares en busca de seguridad.

El Secretario General de las Naciones Unidas señala que su prioridad es resolver los conflictos y consolidar una paz sostenible. A largo plazo, la mejor manera de proteger a los civiles es abordar las causas profundas de los conflictos, promover los derechos humanos y el estado de derecho, fortalecer la gobernanza y las instituciones e invertir en un desarrollo incluyente y sostenible.

Sin embargo, a veces los intentos de prevenir un conflicto fracasan y sólo queda  proteger la vida y la dignidad de los civiles atrapados en un conflicto. A este respecto, se plantean claramente tres prioridades de protección en los conflictos.

En primer lugar,  se debe reforzar el respeto del Derecho Internacional Humanitario y las normas internacionales de derechos humanos y promover la buena práctica entre las partes en conflicto.

En segundo lugar, se debe proteger la misión humanitaria y médica y dar prioridad a la protección de los civiles en las operaciones de paz de las Naciones Unidas.

En tercer lugar, se debe evitar el desplazamiento forzado y buscar soluciones duraderas para los refugiados y los desplazados internos. Estas prioridades de protección están interrelacionadas y se refuerzan mutuamente.

Es fundamental que la acción humanitaria permanezca apartada de objetivos políticos o militares y que se lleve a cabo de conformidad con los principios de humanidad, imparcialidad, neutralidad e independencia.

Los Estados Miembros no deben obstaculizar los esfuerzos de los agentes humanitarios por interactuar con todas las partes pertinentes, incluidos los grupos armados no estatales, y operar en las zonas bajo su control.

Dentro de este marco de actuación, los trabajadores y los bienes humanitarios deben ser respetados y protegidos.

ENVÍENOS SU COMUNICACIÓN:

Queremos animarles a que nos hagan llegar sus dudas, preguntas y denuncias: Por teléfono 0212 5729631, fax 0212 5729908; correo electrónico a coordinacionprensa@cofavic.org  o a través de una carta: Esq. Candilito, Edif. El Candil, piso 1, Ofic. 1-A, La Candelaria, Apartado 16150 Caracas 1011-A.

 

 

 

 

 

 

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Derecho a la verdad implica que se haga justicia, que no haya impunidad, y que exista una verdadera reparación a las víctimas

El derecho a la verdad surgió como concepto jurídico en los ámbitos nacional, regional e internacional y se refiere a la obligación de los Estados de proporcionar información a las víctimas, a sus familiares o a la sociedad sobre las circunstancias en que se cometieron violaciones graves de los derechos humanos. Continue reading

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Denuncia y no renuncia

A veces priva el miedo a represalias posteriores y en otros casos las víctimas tienen desconfianza en las instituciones, pero esas barreras hay que superarlas y comprender que  la denuncia es el mecanismo más importante para reducir la violencia, en cualquiera de sus expresiones, bien sea física, psicológica, por razones de género, intrafamiliar o asociada a violaciones a los derechos humanos. Continue reading

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Juzgar civiles en tribunales militares es el abandono completo del Estado de Derecho

COFAVIC debe expresar su más grave preocupación ante el conocimiento, según información pública disponible, de la existencia de más de 250  civiles  que están siendo sometidos a la jurisdicción militar, dado que esta acción no solo configura una gravísima violación de los derechos humanos y por tanto de los valores superiores del ordenamiento jurídico, sino que además es una de las más determinantes rupturas de la Constitución y al mismo tiempo se traduce en la posibilidad efectiva de que a partir de esta situación se haya abandonado por completo el Estado de Derecho y estemos frente a un tutelaje militar inaceptable e incompatible con las mínimas garantías judiciales que deben existir en un gobierno civil y democrático. Continue reading

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Por el derecho de las víctimas a conocer la verdad

“Varios pueblos de América Latina han, en su historia reciente, conocido y sufrido el flagelo y crueldad de la tortura, los tratos inhumanos o degradantes, las ejecuciones sumarias y arbitrarias o extra-legales, y las desapariciones forzadas de personas. La búsqueda de la verdad —como lo ilustran los casos de desaparición forzada de personas— constituye el punto de partida para la liberación así como la protección del ser humano; sin la verdad (por más insoportable que ésta venga a ser) no es posible libertarse del tormento de la incertidumbre, y tampoco es posible ejercer los derechos protegidos. […]

Antônio Augusto Cançado Trindade, abogado brasileño, profesor universitario, juez en la Corte Internacional de Justicia

Verdad y justicia activaron, en su momento, la acción de la comunidad internacional ante los crímenes de lesa humanidad y de guerra cometidos en el siglo pasado. La verdad, como elemento fundamental en el proceso social de construcción de memoria colectiva y para la garantía de no repetición, junto con la justicia, fueron determinantes para la creación del Tribunal Militar Internacional de Nuremberg. (El 20 de noviembre de 1945 comenzó el proceso de Nuremberg contra ocho organizaciones hitlerianas y 24 dirigentes nazis, acusados de crímenes de guerra). Continue reading

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Recordar para no repetir

 “Quién olvida su historia está condenado a repetirla”

Jorge Santayana

La memoria, el nunca más, no deben ser frases sueltas ni un recordatorio vacío del propósito de la sociedad de evitar las formas más graves de violaciones a los derechos humanos. La memoria, el nunca más, deben ser un rechazo firme y contundente a las nuevas formas de ejercicio abusivo del poder y deben permitir visibilizar otras violaciones, generalmente silenciadas. Continue reading

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Memoria y Holocausto

 “El silencio es el verdadero crimen de la humanidad (…) ¿Y los gritos? Hoy me pregunto, los gritos ¿a dónde van? No pueden, no deben perderse. No es posible que se pierdan, no pueden deshacerse en la nada, no pueden morir en la nada, morir para nada, para algo se han creado, para algo se han gritado. El grito no muere, no puede morir. No muere. Nosotros sí morimos, cada amanecer, en cada tren que llega. Pero nuestros gritos no, el grito no”.

(Rosencof; 2000)

El Holocausto, la persecución y el asesinato generalizado y sistemático de seis millones de judíos, y de otros grupos considerados con “inferioridad racial”: los romaníes (gitanos), los discapacitados y algunos pueblos eslavos (polacos y rusos, entre otros), presos políticos,  comunistas, socialistas, los testigos de Jehová y los homosexuales,  organizado  por parte del régimen nazi y sus colaboradores, se constituyó en un crimen contra la humanidad, el más grave y sombrío de todos,  un capítulo en la historia universal tan determinante y definitivo que sentó las bases modernas para el desarrollo del Derecho Internacional de los Derechos Humanos. Continue reading