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Sigue vigente la deuda con las víctimas

Sin duda a veces hay que hablar en nombre de los náufragos.

Hablar en su nombre, en su silencio, para devolverles la palabra.

Jorge Semprúm

Venezuela está llena de historias de dolor, pero también de vida, de luchas, de determinación y certeza. En cada rincón del país hay una víctima, pero también la disposición férrea de seguir adelante, no solo para contar el relato, sino también para que haya garantías de no repetición.

Pero, sobre todo, Venezuela está llena de historias de dolor. COFAVIC, de manera independiente, registró de enero a junio de 2016, 977 casos de presuntas ejecuciones extrajudiciales, mientras que en el mismo periodo de enero a junio de 2015 se registraron 590 casos de presuntas ejecuciones extrajudiciales lo que representa un aumento del 66%. En 37% de los casos se señala presuntamente la participación de funcionarios del Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas (CICPC), y las cifras demuestran que los jóvenes que habitan en barriadas populares son los principales afectados por los abusos de los cuerpos de seguridad del Estado. De enero a junio de 2016, de la totalidad de casos que COFAVIC registró, el 81% (881 casos) de las víctimas son menores de 25 años y el 99% (967 casos) se refieren a hombres jóvenes frente a 1% que representa 17 mujeres asesinadas bajo esa modalidad.

El teólogo y profesor universitario, Rafael Luciani, clama por el acto de escuchar a las víctimas porque ellas “son signos vivientes de esa herida abierta que necesita ser sanada; ellas han padecido y claman por una reconciliación nacional. Hay que dejar de ser cómplices o neutros, y volver a ser hermanos para poder frenar el mal”, dijo en un artículo de opinión.

El pensador lamenta que los venezolanos vivamos un proceso de acostumbramiento, que se haya perdido la línea de demarcación entre la vida y la muerte y que se haya instaurado una suerte de cultura de la violencia que nos deshumanizó por completo.

En efecto, las víctimas que acuden a COFAVIC no solo piden justicia, también imploran compasión, personas que las guíen en el proceso de denuncia y duelo. Solo reclaman que alguien las escuche.

Los psicólogos señalan que para la búsqueda de la verdad es necesario reconstruir la memoria, hablar, juntar el rompecabezas que quedó deshecho en el corazón, resignificar la experiencia, pues negarse la posibilidad de recordar, por muy dolorosos que sean esos recuerdos, puede provocar que se repita la historia una y otra vez, y ya no serán entonces 977 personas, sino miles de seres humanos intentando recuperarse del dolor.

Los expertos en violencia, en desapariciones, en duelo, recomiendan hablar de la pérdida, no solo para que los otros sepan lo que ocurre y se conmuevan, sino para liberarse de ese ahogo que produce la ausencia de un hijo, un hermano, un esposo.

Claro, Olga Meza, madre de Ángel Torrealba, de 16 años, asesinado en la primera OLP que se llevó a cabo en Margarita; Martha Oropeza, madre de Nelson García Oropeza, de 21 años, muerto en una OLP en Caricuao; Clara María Lira, madre de Anthony Mejías Lira, de 27 años, asesinado en una OLP en Caricuao o José Gregorio Parada, padre de Jesús Gregorio Parada,  de 23 años, ultimado por presuntos funcionarios policiales, aseguran que el dolor no cesa, jamás cesa, aunque  tampoco dejan de luchar porque han entendido que se convirtieron en las voces de sus hijos y solo con su voluntad de acero y su determinación podrán transitar el camino hacia la justicia.

Ellas, ellos y muchas otras madres, padres, hermanas, esposas, que se reencuentran en COFAVIC, han llegado a sentir que no están en un mundo aparte, pertenecen a un universo común, hermanados por el dolor, pero también por la valentía de luchar, aun en las circunstancias más adversas. Eso les ha permitido sentir que tienen soporte, un apoyo que los guía hacia la reparación; y entender que el duelo es un proceso que puede variar constantemente.

Algunas veces sentirán que enfrentan el peor momento de la vida, otras se sorprenderán con una repentina manifestación de fe. Lo importante es reconocer su humanidad y su vulnerabilidad.

A lo largo de 27 años, COFAVIC ha promovido que la víctima ubique un propósito que la ayude a transitar el proceso de reparación, pero también que identifique metas a corto, mediano y largo plazo. La mayoría de las veces, las personas se dan cuenta que en la constancia e independencia de sus acciones se fortalece su lucha y que a pesar de los obstáculos y limitaciones logran pequeñas y grandes acciones en pro de la tolerancia, la lucha por la no discriminación, el respeto por los derechos humanos y los valores democráticos.

Las víctimas y sus familiares son el antídoto contra la amnesia social, son el motor que lucha contra la impunidad de los perpetradores, son el poder que impide sostener la historia oficial y falseada.

Según el Psiquiatra Jorge Buitriago la voz colectiva de las víctimas puede potenciar una suma de voluntades hasta convertirse en organización y cada tarea ejecutada se perfila como un ejercicio participativo de ciudadanía, destinado a cuestionar la arbitrariedad y a reforzar la búsqueda de una sociedad más humana. (Buitriago (2007). Atención integral a las víctimas de tortura en procesos de litigio.  Instituto Interamericano de Derechos Humanos. Cap. De víctimas a actores sociales: el rol de los familiares en la superación de la impunidad).

A partir del testimonio de cada víctima, del relato de su sufrimiento individual, es posible conocer la trascendencia de los casos en un ámbito mucho más general. Sin pensarlo, cada víctima se convierte en un actor social, determinante para la recuperación de la memoria histórica y la superación de la impunidad.

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