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Por el derecho de las víctimas a conocer la verdad

“Varios pueblos de América Latina han, en su historia reciente, conocido y sufrido el flagelo y crueldad de la tortura, los tratos inhumanos o degradantes, las ejecuciones sumarias y arbitrarias o extra-legales, y las desapariciones forzadas de personas. La búsqueda de la verdad —como lo ilustran los casos de desaparición forzada de personas— constituye el punto de partida para la liberación así como la protección del ser humano; sin la verdad (por más insoportable que ésta venga a ser) no es posible libertarse del tormento de la incertidumbre, y tampoco es posible ejercer los derechos protegidos. […]

Antônio Augusto Cançado Trindade, abogado brasileño, profesor universitario, juez en la Corte Internacional de Justicia

Verdad y justicia activaron, en su momento, la acción de la comunidad internacional ante los crímenes de lesa humanidad y de guerra cometidos en el siglo pasado. La verdad, como elemento fundamental en el proceso social de construcción de memoria colectiva y para la garantía de no repetición, junto con la justicia, fueron determinantes para la creación del Tribunal Militar Internacional de Nuremberg. (El 20 de noviembre de 1945 comenzó el proceso de Nuremberg contra ocho organizaciones hitlerianas y 24 dirigentes nazis, acusados de crímenes de guerra).

En efecto, “la defensa jurídica del derecho a la memoria fue uno de los objetivos fundamentales de los autores del Estatuto del Tribunal Militar Internacional de Nuremberg”, de acuerdo con las conclusiones a las que llegaron los expertos de la Subcomisión de Prevención de Discriminaciones y Protección a las Minorías de las Naciones Unidas.

De ahí en adelante, el derecho a la verdad de las víctimas y los familiares de las víctimas de graves violaciones de derechos humanos y crímenes se ha ido consolidando. En algunos países que han superado situaciones de conflicto se han creado comisiones de la verdad y comisiones extrajudiciales de investigación, así como otros mecanismos similares, con la finalidad de investigar y comprobar violaciones a los derechos humanos, identificar los responsables y, en algunos casos, ofrecer las bases para juzgar a los culpables.

La idea es que las víctimas de violaciones a los derechos humanos conozcan lo que sucedió y puedan encontrar coincidencias entre la verdad procesal y la verdad real. Eso significa que existe el deseo de que se haga justicia, que no haya impunidad, y que haya reparación del daño que se causó.

El propósito es obtener los testimonios de las víctimas y los testigos para asegurar el derecho a conocer la verdad y por ello es necesario establecer mecanismos adecuados para su protección, su integridad física y psicológica, su privacidad y su dignidad.

También es necesaria la preservación de archivos y otros documentos relativos a las violaciones de los derechos humanos para impedir que se distorsionen los registros históricos y procurar que se preserve la memoria.

La proclamación del 24 de marzo como “Día Internacional para el Derecho a la Verdad en relación con las Violaciones Graves de los Derechos Humanos y para la Dignidad de las Víctimas”, hecha por la Asamblea General de las  Naciones Unidas en 2010, refleja la crucial importancia que ha adquirido el derecho a la verdad en todo el mundo.

Ese día, además, se ha dedicado a reconocer en particular la importante y valiosa labor y los valores de Monseñor Óscar Arnulfo Romero, de El Salvador, quien se consagró activamente a la promoción y protección de los derechos humanos en su país, labor que fue reconocida internacionalmente a través de sus mensajes, en los que denunció violaciones de los derechos humanos de las poblaciones más vulnerables y su dedicación al servicio de la humanidad, en el contexto de conflictos armados.

Oscar Arnulfo Romero fue un humanista consagrado a la defensa de los derechos humanos, la protección de vidas humanas y la promoción de la dignidad del ser humano, sus llamamientos constantes al diálogo y su oposición a toda forma de violencia para evitar el enfrentamiento armado, que en definitiva le costaron la vida el 24 de marzo de 1980.

La Asamblea General de la ONU, en su resolución, invita a todos los Estados Miembros, a las organizaciones del sistema de las Naciones Unidas y a otras organizaciones internacionales, así como a las entidades de la sociedad civil, incluidas las organizaciones no gubernamentales y los particulares, a observar de manera apropiada el Día Internacional del Derecho a la Verdad en relación con Violaciones Graves de los Derechos Humanos y de la Dignidad de las Víctimas. También se deben adoptar medidas para promover la verdad, la justicia y las reparaciones para las víctimas, lo que es crucial para que no se repitan las violaciones graves de los derechos humanos. Cada día debe hacerse más por proteger los derechos humanos y la dignidad de las personas.

Liliana Ortega, coordinadora general de Cofavic, participó el pasado miércoles en la audiencia de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos referida al derecho a la verdad.  En su intervención dijo que para reconstruir los sueños y las reivindicaciones que dieron sentido a la vida y a la lucha de las víctimas y lograr que los graves crímenes contra los DDHH no se repitan es indispensable recuperar la verdad y vencer el olvido y el miedo.

“El rescate de la verdad debe romper con el silenciamiento de los hechos y el encubrimiento de los victimarios. Hay que propiciar la reconciliación y tratar a las víctimas sin doble rasero, evitando la exclusión y la discriminación que sólo revictimizan y perpetúan la impunidad”.

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