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La tolerancia reconoce los derechos humanos universales y las libertades fundamentales de los otros

La Declaración Universal de los Derechos Humanos no deja margen a las dudas:  Toda persona nace libre e igual en dignidad y derechos, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.

Se espera, entonces, que la sociedad, en su conjunto, no solo propicie el respeto de los derechos humanos, que promueva su protección y garantía, sino que también favorezca el respeto de las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias, así como el reconocimiento, la aceptación y el aprecio al pluralismo cultural, a las formas de expresión, a los derechos humanos de los demás y a la diversidad del aspecto, situación, comportamiento y valores de todas las personas, como indica la Declaración de Principios sobre la Tolerancia, de 1995, de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, por sus siglas en inglés).

En efecto, la UNESCO ha señalado algunos elementos que impulsan la tolerancia, entre los que se encuentran: utilizar un lenguaje que no incluya calificativos raciales, étnicos o de sexo, es decir, evitar adjetivos y verbos que prejuzguen la descripción de acontecimientos o de personas.

Respetar la dignidad humana de todas las personas de la sociedad, es otro elemento fundamental para propiciar la tolerancia, así como impulsar la igualdad de oportunidades para la participación de las minorías, hombres y mujeres, en el proceso democrático, y garantizar la preservación de la integridad cultural y de las lenguas minoritarias y fomentar su utilización.

La Organización de Naciones Unidas, y en especial la UNESCO, han realizado importantes esfuerzos para promover la tolerancia, como la aprobación de la mencionada Declaración de Principios sobre la Tolerancia; el Año de las Naciones Unidas para la Tolerancia, que tuvo lugar en 1995, y la invitación, en 1996, a los Estados miembros a que observaran el 16 de noviembre de cada año como Día Internacional para la Tolerancia.

En la Declaración se afirma, entre otras cosas, que la tolerancia no es indulgencia o indiferencia, sino que es el respeto y el saber apreciar la riqueza y variedad de las culturas del mundo y las distintas formas de expresión de los seres humanos. La tolerancia reconoce los derechos humanos universales y las libertades fundamentales de los otros. La gente es naturalmente diversa; solo la tolerancia puede asegurar la supervivencia de comunidades mixtas en cada región del mundo.

La Declaración describe la tolerancia no solo como un deber moral, sino como un requerimiento político y legal para los individuos, los grupos y los estados. Sitúa a la tolerancia en el marco del derecho internacional sobre derechos humanos, elaborados en los últimos cincuenta años y pide a los Estados que legislen para proteger la igualdad de oportunidades de todos los grupos e individuos de la sociedad.

Luchar contra la intolerancia exige un marco legal. Por ejemplo, los Gobiernos deben aplicar las leyes sobre derechos humanos, prohibir los crímenes y las discriminaciones contra las minorías y debe garantizar un acceso igualitario a los tribunales de justicia, a los responsables de derechos humanos y a los defensores del pueblo.

Luchar contra la intolerancia requiere acceder a la información porque se usan argumentos falaces, se manipulan los hechos y las estadísticas y se miente a la opinión pública. La mejor manera de combatir la intolerancia es promover leyes que protejan el derecho a la información y la libertad de prensa.

Luchar contra la intolerancia requiere una toma de conciencia individual. Cada uno debe examinar su papel en la sociedad y preguntarse: ¿soy una persona tolerante? ¿Juzgo a los otros con estereotipos? ¿Rechazo a los que me parecen diferentes? A partir de las respuestas debe comenzar a propiciar cambios importantes.

Una conducta tolerante implica la capacidad individual para respetar y aceptar las diferencias raciales, políticas, sexuales y sociales de los demás. Asimismo, la tolerancia se encuentra estrechamente ligada al deber que tiene toda persona de respetar los derechos humanos de las otras personas.

Conforme al respeto de los derechos humanos, practicar la tolerancia no significa tolerar la injusticia social ni renunciar a las convicciones personales o atemperarlas. Significa que toda persona es libre de adherirse a sus propias convicciones y acepta que los demás se adhieran a las suyas. Significa aceptar el hecho de que los seres humanos, naturalmente caracterizados por la diversidad de su aspecto, su situación, su forma de expresarse, su comportamiento y sus valores, tienen derecho a vivir en paz y a ser como son. También significa que uno no ha de imponer sus opiniones a los demás.

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