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La impunidad deja huellas silenciosas, pero profundas

Estrictamente, de acuerdo con el diccionario de la Real Academia Española, la impunidad es la falta de castigo a quien ha transgredido una norma legal, pero coinciden juristas y teóricos del Derecho que el concepto “impunidad” no describe solo un asunto legal, sino que abarca dimensiones sociales, culturales, psicológicas y hasta económicas. Y, ciertamente, sus consecuencias sobrepasan también lo meramente legal.

En efecto, no solo se trata de la falta de castigo, sino de las consecuencias que la impunidad acarrea en la persona y en la sociedad, muchas de ellas silenciosas, pero profundas.

A veces, incluso, la impunidad deja efectos psicológicos que pueden ser más devastadores y traumatizantes que los mismos hechos violentos que sufrieron las víctimas originalmente, lo que las revictimiza.

Las secuelas, según testimonios de las propias víctimas, se activan cuando se constata que los victimarios siguen en la calle y que no se ha hecho justicia, y cuando el dolor por la pérdida de un familiar se revive.

Los familiares de las víctimas también son afectados por la impunidad, lo que lo convierte en una segunda agresión. Esa sensación de que los culpables del crimen no son castigados es vivido con gran intensidad emocional y mucho dolor, sin mencionar el sufrimiento que conlleva el participar en el proceso judicial porque de alguna manera se revive el trauma (revisar el expediente, solicitar actas o informes forenses, poner denuncias o someterse a interrogatorios resulta tremendamente estresante).

La impunidad impide a los familiares de las víctimas cerrar el duelo, y poder rehacer su vida. En el círculo familiar genera muy diversas consecuencias, y muchas veces reproduce la violencia al generar deseos de venganza. La ausencia de justicia genera en la familia que ha sido víctima la imposibilidad de conocer la verdad y de poder reconstruir sus proyectos de vida sin su familiar. .

El impacto es aún mayor cuando el hecho que no se sanciona constituye una violación de derechos humanos porque la impunidad propicia la repetición crónica de esas violaciones y la total indefensión de las víctimas y de sus familiares.

La impunidad también produce efectos perversos en la sociedad: la ciudadanía en general deja de confiar en las instituciones, en especial en el poder judicial, por lo que se debilita la democracia. Pero lo más relevante, es que reproduce la violencia.

Es decir, los responsables de los crímenes, al constatar que no hay justicia, cometen nuevos abusos, sin temor a ser castigados. La impunidad le dice a los perpetradores que sus acciones no tienen consecuencias para ellos y allí se genera un círculo peligroso de injusticia y abusos.

La impunidad, de hecho, es un obstáculo para la paz, porque al amparar a los culpables siembra graves dudas sobre la justicia y la sinceridad del proceso desarrollado con miras a obtenerla.

Por eso es tan necesario reconocer socialmente que se trató de un crimen, de una violación a los derechos humanos que no debió ocurrir nunca.

En tal sentido, los defensores de derechos humanos tenemos la importante tarea de acompañar a quienes han sido víctimas de estas experiencias, contribuyendo al re-establecimiento de su identidad y a su protección, no sólo mediante la orientación que le lleva a la exigibilidad de sus derechos, sino también encarnando ese referente de confianza que le permitirá verse desde otra perspectiva, una muy distinta a la mirada de su agresor.

En nuestra experiencia de acompañamiento a familias víctimas de violaciones a los derechos humanos, la palabra impunidad ha adquirido diferentes significados: “(…) es un silencio profundo” expresó Graciela Fajardo, líder del Comité de Familiares de Víctimas de abusos policiales y militares del estado Anzoátegui COFIVANZ en uno de los talleres de apoyo psicosocial realizado por COFAVIC.

“La impunidad es un vacío, es una lucha permanente, es buscar una respuesta y no encontrarla (…)”, dijo la madre de un joven asesinado en el estado Aragua por presuntos funcionarios policiales. “La impunidad es cuando no te toman en cuenta el caso y te lo archivan, no hay solución (…), la asocio con rabia e impotencia”, expresó Hilda Páez madre de Richard Páez asesinado en los hechos del Caracazo en 1989.

Estas expresiones muestran que la impunidad en Venezuela, más que un término jurídico, es una experiencia, una historia que sin embargo inspira y moviliza en la búsqueda de la verdad, por el restablecimiento de la dignidad. Por tanto, el mejor antídoto para reducir la impunidad es la denuncia y reforzar la idea de que por cada víctima, hay miles de voces.

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