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Es esencial proteger las voces de los defensores de derechos humanos

En su informe sobre la situación de los derechos humanos en el mundo en 2017/18, que abarca 159 países, Amnistía Internacional presentó el análisis más exhaustivo de la situación actual de los derechos humanos en el mundo.

Allí quedó claro que una gran parte de los líderes mundiales han promovido el odio, otros se han desentendido de la posibilidad de ser responsables de crímenes de lesa humanidad y otro tanto dejó que la desigualdad, la intolerancia y el sufrimiento se salieran de control.

En efecto, en 2017 el mundo fue testigo de un retroceso de los derechos humanos, de acuerdo con el Informe de Amnistía Internacional. Las señales de ese repliegue se hicieron evidentes, en todo el mundo, con las prohibiciones al derecho a manifestar, pese a la contundencia de un enorme descontento social y la violación de derechos humanos fundamentales como la comida, el agua potable, la atención médica y la vivienda.

Desde Estados Unidos hasta la Unión Europea, pasando por Australia, refiere el mismo informe, los líderes de los países ricos abordaron la crisis global de refugiados con una falta de humanidad absoluta, y consideraron a las personas refugiadas, no como a seres humanos con derechos, sino como problemas que debían ser desviados.

Frente a este panorama ¿de qué manera se puede asegurar que los derechos humanos se promuevan, protejan y conviertan en una realidad? ¿Y quiénes deben encargarse de esa misión?

Los defensores de los derechos humanos son, sin duda, determinantes en el trabajo de promoción y protección de los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales. Los defensores actúan en favor de derechos humanos tan diversos como el derecho a la vida, la alimentación y el agua, el nivel más alto posible de salud, una vivienda adecuada, un nombre y una nacionalidad, la educación, la libertad de circulación y la no discriminación.

En la Declaración de la ONU sobre los Defensores de los Derechos Humanos, aprobada por la Asamblea General el 9 de diciembre de 1998, las Naciones Unidas no solo reconoció la legitimidad de los defensores al considerar la defensa de los derechos humanos como un derecho en sí mismo, sino también el papel decisivo que desempeñan y la necesidad de garantizar su protección.

Los defensores y defensoras de los derechos humanos son personas que, a título individual o colectivo, trabajan para hacer realidad los derechos recogidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y en las diversas normas que la desarrollan. Ese compromiso es fundamental para visibilizar situaciones de injusticia social, combatir la impunidad e impulsar los procesos democráticos en todo el mundo.

En la Declaración sobre los defensores de los derechos humanos se hace referencia a “los individuos, los grupos y las instituciones que contribuyen a la eliminación efectiva de todas las violaciones de los derechos humanos y las libertades fundamentales de los pueblos y los individuos”.

De acuerdo con esta definición general, pueden ser defensores todas las personas o grupos de personas que se esfuercen en promover los derechos humanos, desde organizaciones intergubernamentales hasta individuos. Los defensores pueden ser de cualquier género, tener distintas edades, proceder de cualquier parte del mundo.

El trabajo de los defensores también incluye el ofrecer apoyo y asistencia legal a las víctimas de violaciones de derechos humanos. Investigar y hacer públicas las violaciones de derechos humanos puede contribuir a ponerles fin, evitar que se repitan y ayudar a las víctimas a llevar sus casos ante los tribunales.

Al recordar a las autoridades (y a las poderosas élites políticas, militares y económicas) sus obligaciones en materia de derechos humanos, los defensores y defensoras asumen serios riesgos.

Amnistía Internacional ha documentado ataques contra estas personas en la mayoría de países del mundo, y también tácticas represivas para silenciar al colectivo por parte de gobiernos de todas las tendencias políticas. Tales ataques adoptan formas y grados diversos: amenaza continua, intentos de desacreditar su trabajo, encarcelamiento injusto, tortura e incluso asesinato. Esta amenaza también se hace extensible a sus familiares.

“Estas personas son víctimas de amenazas, campañas de difamación, detenciones arbitrarias, malos tratos, e incluso, tortura. Muchas de ellas corren el riesgo de ser víctimas de ataques violentos, a veces mortales, incluso por parte de particulares vinculados a intereses empresariales o a poderosas bandas criminales”, dijo el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Zeid Ra’ad Al Hussein.

En 2016, tres de cada cuatro asesinatos de defensores de los derechos humanos en el mundo ocurrieron en las Américas, y el 41% de estas personas asesinadas fueron aquellas que se oponían a proyectos extractivos o que defendían el derecho a la tierra y a los recursos naturales de los pueblos indígenas, de acuerdo con la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de Naciones Unidas.

Por eso es tan importante la protección de los defensores y el manejo de buenas prácticas y protocolos que contribuyan a su protección.

“Se ha vuelto absolutamente esencial proteger las voces, el trabajo e incluso las vidas de los defensores de los derechos humanos en las Américas”, apuntó el alto comisionado de la ONU para los derechos humanos.

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