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El Derecho Humano a la solidaridad

En los últimos años el derecho internacional de los derechos humanos consideró el reconocimiento de “nuevos derechos”, entre los que se incluyen el derecho al desarrollo como un derecho humano, el derecho a un medio ambiente sano y el derecho a la solidaridad.

En el año 2005 fue designado por el Consejo de derechos humanos de las Naciones Unidas un experto independiente sobre los derechos humanos y la solidaridad internacional con el propósito de preparar un proyecto de declaración sobre el derecho de los pueblos y los individuos a la solidaridad internacional.  En 2011, el Consejo decidió prorrogar por un periodo de tres años ese mandato.

Una de las características fundamentales de esos derechos, además de satisfacer nuevas necesidades humanas básicas, es la de abarcar, al mismo tiempo, la dimensión individual y la colectiva.

En efecto, desde la aprobación de la Declaración Universal de Derechos Humanos en 1948, el derecho internacional de los derechos humanos ha evolucionado con la ampliación del catálogo de derechos para avanzar en los mecanismos de protección. De allí que se hable del derecho a la solidaridad como una forma adicional de contribuir con la construcción de una comunidad internacional más digna, más justa y más pacífica.

De hecho, se ha estado trabajando en la definición del derecho humano a la solidaridad, que se apoya en el art. 28 de la Declaración Universal de Derechos Humanos: “Toda persona tiene derecho a que se establezca un orden social e internacional en el que los derechos y libertades proclamados en esta Declaración se hagan plenamente efectivos”.

El Consejo de Derechos Humanos considera que la solidaridad tiene que ser un nuevo principio fundacional del derecho internacional contemporáneo y un valor fundamental para las relaciones internacionales en el siglo XXI, ya que los problemas mundiales deben abordarse de manera tal que los costos y las cargas se distribuyan con justicia, conforme a los principios fundamentales de la equidad y la justicia social, y que los que sufren, o los que menos se benefician, merecen la ayuda de los más beneficiados.

El objetivo general de este derecho a la solidaridad internacional debe ser crear un entorno propicio en el que todos los derechos humanos, incluido el derecho al desarrollo, puedan ser progresivamente realizados por todos los pueblos y las personas a través de las medidas de cooperación internacional y solidaridad adoptadas por los Estados, las organizaciones internacionales, la sociedad civil y todas las demás partes interesadas.

De allí que el fomento de la solidaridad sea una de las principales razones que llevó a la Asamblea General de las Naciones Unidas, en diciembre de 2005, a proclamar el 20 de diciembre de cada año como el Día Internacional de la Solidaridad Humana.

Como todos los derechos, la solidaridad es interdependiente e indivisible en su relación con los derechos humanos y no se limita a la asistencia y la cooperación, la ayuda, la caridad o la asistencia humanitaria internacional. La solidaridad es uno de los valores más importantes en la construcción de los derechos humanos y, entre otras cosas, requiere de la completa eliminación de todas las formas de discriminación, así como la igualdad de género en todos los aspectos de la actividad humana.

La solidaridad es una cualidad que se basa en la igualdad, la inclusión y la justicia social, la misma supone compromiso entre los distintos miembros de la sociedad y de la comunidad mundial.

La palabra solidario proviene del latín solidus que significa sólido, firme, entero. Esta cualidad, aplicada a las personas, se refiere a aquel que se mantiene compacto o entero.

En sociología, la solidaridad se refiere al sentimiento de unidad basado en metas o intereses comunes, o lo que es lo mismo: ayudar sin recibir nada a cambio aplicando la noción de lo “bueno”.

La solidaridad es también una verdadera y propia virtud moral. Es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir, por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos.

En COFAVIC nos empeñamos cada día en fomentar el bien común, en extender la mano, en ser compasivos, en darle voz a quien no ha podido expresarse, en ser solidarios con las víctimas y sus familiares.

Como la propia ONU señala, es esencial solidarizarse con los afectados por la pobreza y la ausencia de derechos humanos. Sobre la base de la igualdad, la inclusión y la justicia social, la solidaridad supone una obligación mutua para toda la comunidad mundial. La solución de problemas globales como la pobreza y el aumento de la desigualdad, el cambio climático, la pobreza crónica y los grandes problemas de salud, particularmente los surgidos en países en desarrollo, sólo se logrará con acciones colectivas, desinteresadas y solidarias.

Con este propósito, así como con el objetivo de erradicar la pobreza y promover el desarrollo humano y social en los países menos industrializados, la Asamblea General decidió crear el Fondo Mundial de Solidaridad.

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