Democracia y Derechos Humanos

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El discurso que el 15 de septiembre de 2014 pronunció el Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-Moon, a propósito de la conmemoración del Día Internacional de la Democracia, pudiera ser pronunciado el día de hoy. La reflexión que el diplomático hiciera dos años atrás tiene vigencia en 2016.

Ese día, Ban Ki-Moon dijo que el mundo parecía más turbulento que nunca. “En muchas regiones, y de muchas maneras, se están poniendo a prueba y desafiando los valores de las Naciones Unidas, incluidos algunos de los principales derechos y libertades fundamentales consagrados en la Carta de las Naciones Unidas”.

El alto funcionario recordó que los brotes de violencia corroboran una verdad que siempre ha hecho notar una y otra vez: “Cuando las sociedades no son inclusivas, y cuando los gobiernos no son responsables y receptivos, la paz, la igualdad y la prosperidad compartida no pueden prosperar. Debemos hacer más para empoderar a las personas, sobre todo a las miles de millones de personas desfavorecidas, marginadas, desempleadas, desesperadas y comprensiblemente frustradas. Debemos asegurar que sean escuchadas y puedan participar activamente en su futuro”.

Sólo así es posible hablar de la simbiosis que deben establecer la democracia y los derechos humanos.

En efecto, el nexo entre democracia y derechos humanos figura en el artículo 21 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, que establece:

“La voluntad del pueblo es la base de la autoridad del poder público; esta voluntad se debe expresar mediante elecciones auténticas que habrán de celebrarse periódicamente, por sufragio universal e igual y por voto secreto u otro procedimiento equivalente que garantice la libertad del voto”.

Los valores de libertad y respeto por los derechos humanos y el principio de celebrar elecciones periódicas y genuinas mediante el sufragio universal son elementos esenciales de todo sistema democrático. A su vez, la democracia proporciona el medio natural para la protección y la realización efectiva de los derechos humanos. Esos valores se han incorporado en la Declaración Universal de Derechos Humanos y han sido desarrollados de manera más extensiva en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos que consagra una multitud de derechos políticos y libertades civiles en que se basan las democracias significativas.

Los derechos consagrados en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales y en instrumentos de derechos humanos posteriores que abarcan los derechos de ciertos grupos específicos (por ejemplo, los pueblos indígenas, las mujeres, las minorías, las personas con discapacidades, los trabajadores inmigrantes y sus familias) son igualmente esenciales para la democracia habida cuenta de que garantizan la inclusión de todos los grupos, incluyendo la igualdad y equidad con respecto al acceso tanto a los derechos civiles y políticos como a los de carácter económicos, sociales y culturales .

Desde el año 2000, incluso, la Comisión de Derechos Humanos recomendó la adopción de medidas legislativas, institucionales y prácticas como elementos esenciales para la consolidación de la democracia: Respeto por los derechos humanos y las libertades fundamentales como: Libertad de asociación, libertad de expresión y de opinión. Acceso al poder y su ejercicio de conformidad con el imperio de la ley.  La celebración de elecciones periódicas, libres y justas por sufragio universal y por voto secreto como expresión de la voluntad de la población. Un sistema pluralista de partidos y organizaciones políticas. La separación de poderes. La independencia del poder judicial. La transparencia y la responsabilidad en la administración pública. Medios de información libres, independientes y pluralistas.

Desde su creación en 2006, el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas (sucesor de la Comisión de Derechos Humanos) adoptó una serie de resoluciones entre las que destaca la interdependiente y mutua relación que se refuerza entre la democracia y los derechos humanos. Algunos ejemplos recientes incluyen las resoluciones 19/36 y 28/14 sobre “Los derechos humanos, la democracia y el Estado de Derecho”.

El Día Internacional de la Democracia proporciona, entonces, una oportunidad de examinar en qué estado se encuentra la democracia en el mundo. La democracia, de acuerdo con los principios emanados de las Naciones Unidas, es un proceso y una meta, y sólo con la plena participación y el apoyo de la comunidad internacional, los órganos nacionales de gobierno, la sociedad civil y los individuos esta puede ser una realidad.

En efecto, las democracias más dinámicas y estables del mundo son aquellas donde gobierno y sociedad civil trabajan conjuntamente en pro de objetivos comunes, porque la sociedad civil actúa como catalizador del progreso social y del crecimiento económico y cumple un papel fundamental al exigir cuentas al gobierno.

La sociedad civil es el oxígeno de la democracia, aseguran los expertos. Por eso es importante recordar, en el Día Internacional de la Democracia, que el progreso y la participación cívica van de la mano. Una nación segura de sí misma da voz a los ciudadanos y les permite participar en el desarrollo del país.

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