Atencion víctima

Acompañando en el dolor y la lucha contra la impunidad

18-02-2016. Las violaciones graves a los derechos humanos como las ejecuciones extrajudiciales, las torturas, la desaparición forzada de personas, el encarcelamiento arbitrario y la discriminación, constituyen experiencias muy dolorosas para quienes son víctimas directas, pero también para sus familiares y allegados.

Suelen dejar saldos muy lamentables. Pérdidas no sólo materiales sino también de carácter simbólico, frente a las cuales los individuos deben adaptarse con el paso del tiempo.

El duelo, por ejemplo, suele ser uno de los procesos más complejos en los contextos de violación a los derechos humanos, puesto que la elaboración del mismo, se apoya en las representaciones o significados que le atribuyen las víctimas a estos episodios de violencia, intimidación y humillación, y que en ocasiones, frente a un agresor que representa un cuerpo de seguridad del Estado o alguna instancia del mismo, la experiencia de indefensión se intensifica.

En el caso de las familias que experimentan la pérdida de un ser querido, producto de un hecho de violencia, el doliente atraviesa una serie de etapas que conducen a la superación. Las mismas,  varían en número y denominación según diversos autores. Sin embargo, la mayor parte de ellos, coinciden en que durante este proceso, la persona atraviesa un momento de embotamiento en el que niega lo ocurrido debido al gran impacto emocional que implica, llegando a poner en duda o no aceptar la realidad puesto que le resulta muy dolorosa.

Adicionalmente, existen otras etapas intermedias en el duelo donde prevalece la sensación de desesperanza, tristeza y/o ira generalizada, no sólo contra aquellos a los que se considera responsables de la muerte, sino también contra sí mismos, culpabilizándose. Algunas veces hasta llega a manifestarse hostilidad hacia quienes intentan dar consuelo, puesto que la carga emocional muchas veces se hace inmanejable, frente a lo inesperadas y violentas que suelen ser las circunstancias en que se producen estas muertes.

Sin embargo, para las familias que experimentan la trágica experiencia de tener un familiar desaparecido, este proceso que suele ser esperado, luego de una pérdida, se complica, puesto que se desconoce muchas veces detalles de las circunstancias en la que se produjo la desaparición forzada, ubicación actual de la víctima, así como detalles de su condición e integridad personal. Vivencia considerada altamente estresante para las familias que la experimentan. Por tal motivo, la desaparición forzada ha sido reconocida por algunos especialistas en salud mental como una experiencia de tortura continuada.

Por otro lado, las víctimas de tortura suelen experimentar reacciones propias de una persona sobreviviente, o de quienes han temido perder la vida. Esto significa que su cuerpo y psique fueron sometidos a eventos que implicaron altísima tensión, por lo que es esperado que se manifiesten graves secuelas no solo corporales, sino también cognitivas, emocionales y conductuales en éstas.

En tal sentido, los defensores de derechos humanos tenemos la importante tarea de acompañar a quienes han sido víctimas de estas situaciones, contribuyendo al re-establecimiento de su identidad y a su protección, no sólo mediante la orientación que le lleva a la exigibilidad de sus derechos, sino también encarnando ese referente de confianza que le permitirá verse desde otra perspectiva, una muy distinta a la mirada de su agresor. Acompañándoles en su recuperación y en esa larga y espinosa lucha contra la impunidad.

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